Myanmar es una de las naciones más pobres del sudeste asiático y sufre décadas de estancamiento, mala gestión y aislamiento.

Los conflictos étnicos y la violencia entre comunidades continúan afectando a la nación mayoritariamente rural. Más de 3,4 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza con menos de 1,50 euros al día. Esto es particularmente frecuente en las áreas rurales donde reside el 65% de la población. En estas regiones, el nivel de pobreza es casi el doble.

Una cuarta parte de la economía del país se basa en la agricultura, pero las familias siguen desnutridas. La inseguridad alimentaria combinada con el difícil acceso a los servicios de salud está poniendo en crisis la vida de la población local. Es más, la violencia recurrente sigue siendo una de las principales causas de inestabilidad. Más de un millón de personas son desplazados internos, y cientos de miles más buscan refugio en países vecinos. Las comunidades afectadas están en movimiento y necesitan asistencia humanitaria, incluidos alimentos, refugio y atención médica.

  • Hay aproximadamente 926.000 apátridas en todo Myanmar (ACNUR, 2016)
  • 1 de cada 20 niños morirá antes de cumplir los cinco años (Banco Mundial, 2016)
  • Un tercio de los niños sufren retraso del crecimiento (Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, 2017)
  • Más de 200.000 familias desplazadas viven en los estados de Rakhine, Kachin, Shan y Kayin (UNOCHA, 2018)

En 2008, cuando el ciclón Nargis devastó Myanmar, distribuimos paquetes de alimentos, refugio de emergencia, kits de higiene y agua a miles de familias. No nos detuvimos allí, también ayudamos a las comunidades a recuperarse mediante la construcción de nuevas viviendas, la reconstrucción de escuelas y el apoyo a los agricultores y pescadores para recuperar sus medios de vida.