La combinación de cuatro temporadas de lluvia fallidas ha llevado al límite en muchas zonas de Kenia, Somalia y Etiopía, perdiendo ganado, obligando a las personas a huir de sus hogares y aumentando las tasas de desnutrición infantil. La invasión rusa de Ucrania ha exacerbado la situación, elevando el precio de materias primas como el trigo y el aceite de girasol, así como el combustible.
Desde el comienzo de la pandemia del Covid-19, la cantidad de personas que padecen hambre e inseguridad alimentaria se ha duplicado en estos últimos años. En 2021, 811 millones de personas sufrieron desnutrición, además de una grave inseguridad alimentaria. Desgraciadamente, la situación sigue empeorando, con hambrunas y crisis alimentarias que amenazan a más de 43 países en todo el mundo.
Los desastres climáticos, como la sequía extrema, están provocando hambrunas en África oriental y conflictos, como los de Afganistán y Yemen. Estos elementos, además del impacto de la pandemia del Covid-19, han ejercido presión sobre las poblaciones que ya enfrentan una grave inseguridad alimentaria.
El conflicto ruso-ucraniano ha llevado a millones de personas a circunstancias desesperadas a medida que los precios mundiales de los alimentos y el combustible se disparan, afectando más a las comunidades vulnerables.