Hay pocos líderes que hayan dejado una huella en la sociedad como lo hizo ‘Umar ibn ‘Abd al-‘Aziz. Se le considera uno de los mejores líderes de la historia musulmana, una autoridad en derecho islámico (mujtahid) que había memorizado el Corán (hafiz) y que utilizó su liderazgo para servir a la gente.
Cuando se convirtió en califa en el año 717 d.C dijo:
«Oh, gente, obedecedme mientras yo obedezca a Allah; y si desobedezco a Allah, no estáis obligados a obedecerme».
Organizó la recaudación del Zakat y lo distribuyó entre los necesitados. Tuvo tanto éxito que, cuando la tesorería buscó un tiempo después a los más necesitados con derecho a recibir el Zakat, ¡no pudieron encontrar a nadie en ninguna de las tierras que gobernaba!
Tras menos de dos años y medio en el poder, el gran califa fue envenenado por uno de sus sirvientes al que habían contratado sus oponentes. Al enterarse de lo sucedido, ‘Umar preguntó al sirviente cuánto le habían pagado por el asesinato, le ordenó que devolviera los honorarios al tesoro como dinero ílicito, le perdonó y le permitió marcharse libremente.
Incluso el emperador de Roma al enterarse de su muerte, afirmó: «Ha fallecido una persona virtuosa. No me sorprendería ver a un asceta que renunció al mundo y se entregó a la oración hacia Dios. Pero sí me sorprende ver a una persona que tenía todos los placeres del mundo a sus pies, pero que seguía cerrando los ojos ante ellos y viviendo una vida de piedad y renuncia».
El Islam nos ha dado las respuestas a todas nuestras luchas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, incluyendo la pobreza global – Alhamdulillah.